Siempre hay algo más que a simple vista no se ve

13 de diciembre de 2014

He llorado de tristeza, de impotencia, de la pena por no querer irme de algún lugar o por no querer que algo se acabara.  He llorado de emoción, de alegría cuando algo bonito ha pasado. Y sobre todo he llorado apenas sin entender por qué lo hacía.
A veces sentimos cosas que no se pueden expresar, no porque nadie las vaya a entender, sino porque ni si quiera tú misma las entiendes. Cosas que no te han pasado antes y en el momento en que te pasan no sabes qué hacer, cómo llevarlas... y lo peor de todo es que te ves sola ante el problema y no encuentras apoyo en nadie. Tal vez sea porque yo no busco esa ayuda, y lo más probable es que la gente que me rodea ni si quiera se imagine que la necesito. De lo que estoy segura es que sólo una persona puede entender todo esto... pero yo eso no lo veo.



Es difícil esperar a tener lo que más deseas sabiendo que aunque harías cualquier cosa por tenerlo, no lo vas a conseguir. Y en medio de esta situación de no poder hacer nada, la chispa que me tiene pendiente a todo esto no se pierde. Es como estar en mitad del libro más interesante que hayas leído y no puedes esperar a saber el final; no sabes si va a ser como imaginas, o totalmente diferente. Y mientras tanto lo único que  me queda es esperar cada día una señal, por pequeña que sea, que me de pistas para llegar a resolver el final de la historia lo antes posible.
Me suena grande, ¡los imposibles también existen!